Cuidado con los acuerdos laborales sin asesoramiento legal.



Está previsto en la ley que trabajadores y empleadores pueden acordar, a través de un convenio escrito, la finalización del vínculo laboral.

Muchas veces este acuerdo viene acompañado del pago de algún tipo de gratificación o recompensa. Sin embargo la Justicia en estos casos podría interpretar que se trató de un despido encubierto; conllevando a la empresa, ante un eventual reclamo judicial por parte del trabajador, a abonarle una indemnización por despido sin causa.

Recientemente se dio a conocer un fallo por el cual la Justicia dio lugar al reclamo del trabajador que había firmado un acuerdo de estas características con su empleador, ante un escribano.

El convenio firmado por la empresa y el empleado, en los términos del artículo 241 de la Ley 20.744 (Ley de Contrato de Trabajo), formalizado a través de una escritura pública, y presentada ante la autoridad judicial o administrativa del trabajo es válido. No obstante, para ello es indispensable la existencia del consentimiento, es decir, una manifestación libre de la voluntad por parte del trabajador.

En este caso el trabajador era vendedor de cajas de cigarrillos. Un día, mientras entregaba mercadería, sufrió un robo a mano armada.

El empleado sufrió lesiones leves e inició un tratamiento psiquiátrico, por el que se le otorgó licencia médica. Luego, se lo reincorporó, con las restricciones que debía afrontar por el tratamiento psicológico y psiquiátrico.

Al poco tiempo, la empresa sostuvo que no contaba con las tareas para reubicarlo, por lo que pactó con el trabajador, una extinción de la relación laboral por mutuo acuerdo, ante un escribano y sin que el trabajador cuente con ningún tipo de asistencia letrada.

En el proceso judicial los Jueces de la Cámara Laboral remarcaron que dichos acuerdos extintivos, como todo acto jurídico “deben ser voluntarios, es decir, ejecutados con discernimiento, intención, y libertad”.

A su vez, consideraron que el convenio debía dejarse sin efecto, porque “el trabajador no fue libre al expresar el consentimiento para el acto y se violaron derechos irrenunciables como lo son las acreencias que el ordenamiento le reconoce al trabajador como derivación de un despido sin causa. Dicho acto bilateral encubrió un despido decidido unilateralmente por la empleadora”.

En cuanto al daño moral, que se entiende como un menoscabo o detrimento en los afectos, sentimientos, y en el espíritu del ser humano, fue uno de los puntos más polémicos en la sentencia ya que en la misma se ordenó el resarcimiento de dicho daño. Los jueces indicaron que “el empleado había prestado servicios durante diez años para la empresa”, y que cumpliendo con su labor, sufrió un delito que le provocó un daño en su salud, lo que le implicó una licencia de cuatro meses y que esa situación le había provocado un sufirmiento adicional que debía ser indemnizado.

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