Iban a indemnizarlo con $2.000.000 por hallar un envoltorio en la gaseosa que compró pero la Cámara revocó la sentencia




El reclamo por "daño punitivo" está ganando espacio en la Argentina. Este rubro, instaurado hace pocos años en el país a través de la Ley de Defensa del Consumidor (LDC), genera un dolor de cabeza para los empresarios y expectativas de cobrar dinero para los consumidores defraudados.

Hace poco menos de un año, hubo un caso que llamó poderosamente la atención de empresas y especialistas ya que un juzgado de primera instancia de la provincia de Córdoba condenó por $2M a Pepsi, del grupo de la Cervecería Quilmes.

En esta oportunidad, un error en el control de calidad de un simple producto, como lo es una gaseosa de litro y medio, fue el disparador para que el juez, interviniente en la causa, no dudaraen aplicar la multa civil cumpliendo así una función, además de sancionatoria, disuasiva y ejemplificadora.

Ahora, la Cámara Tercera de Apelaciones Civil y Comercial de Córdoba revocó ese fallo. Para los expertos, "puso las cosas en su lugar", al explicar que la aplicación de la mencionada multa civil "no está prevista como una consecuencia necesaria de cualquier incumplimiento" y que para su aplicación es necesario un "explícito obrar doloso o, al menos, gravemente culpable"por parte de la compañía.

Si bien es cierto que los fabricantes, siguiendo una ética empresarial, deben elaborar sus productos cuidando de la salud de los consumidores, también lo es que desean tener políticas claras y concisas, a los fines de evitar caer en gastos innecesarios o desembolsos excesivos en control de calidad.

Es decir, lo que más temen es sufrir una multa que quisieron evitar, a pesar de haber realizado las inversiones que entendieron relevantes.
Momento desagradableEl Juzgado de Primera Instancia y 5° Nominación Civil y Comercial de Córdoba había condenado a Cervecería y Maltería Quilmes S.A. a pagar a un consumidor la suma de $2M en concepto de daño punitivo y $1.500 en concepto de daño moral por haber embotellado y comercializado una bebida gaseosa marca "Pepsi" cuya botella contenía un envoltorio de gel íntimo para preservativos, abierto y usado.
El cliente damnificado había adquirido una gaseosa en un kiosco. Al intentar abrirla, advirtió que en su interior flotaba un cuerpo extraño.

Entonces, dejó la botella de vidrio -que era un envase retornable- en reposo y el cuerpo comenzó a subir, haciéndose plenamente visible al llegar a la superficie: se trataba de un sobre de preservativos color plateado cuya leyenda expresaba: "Aloe vera - Gel íntimo".

Indignado, decidió llamar al 0 800 que figuraba en la etiqueta del envase sin obtener una respuesta favorable.

En consecuencia, el consumidor optó por iniciar un reclamo judicial solicitando:
1. Que le cambiaran el producto por otro en condiciones de ser utilizado o bien que le reintegraran el dinero para adquirir uno nuevo.

2. Un resarcimiento por daño moral que sirviera como reparación por su angustia y desazón, en atención a la desagradable sorpresa sufrida.

3. Una compensación en concepto de daño punitivo, figura que ha sido recientemente incorporada a la legislación argentina mediante la reforma de la Ley de Defensa del Consumidor.

En tanto, la empresa negó su responsabilidad en el hecho. Afirmó que no había incurrido en defecto alguno en los controles de calidad y que no había puesto en riesgo la salud del consumidor, resaltando que el contenido de la botella no había sido ingerido.

Alegó que resultaba material, física y químicamente imposible que en el proceso de elaboración, envasado y embotellado de las gaseosas se hubiera filtrado algún elemento extraño que pudiera ingresar en los envases.

Además, puso especial énfasis en que todos los recipientes de vidrio que ingresaban a la planta eran meticulosamente higienizados mediante equipos de alta tecnología, utilizando soluciones de limpieza y desinfección a altas temperaturas, y que luego las botellas eran sometidas a diferentes controles de inspección.

Tras evaluar los hechos, el magistrado no dudó en aplicar el nuevo instituto de daño punitivo. Para ello, se basó en que la empresa nunca explicó por qué el producto defectuoso se encontraba disponible para su venta ni tampoco justificó los motivos por los que adoptó una conducta de indiferencia y desinterés hacia la salud del consumidor.

Para el juez, la firma actuó con "negligencia grosera, desaprensiva y culposa" dado que el proceso de elaboración de la gaseosa y su embotellamiento evidenció fallas en el control de calidad, puntualmente en el lavado de las botellas retornables.

Por lo tanto, aplicó una multa de $2M a la empresa embotelladora en concepto de daño punitivo. A tal efecto, tuvo en cuenta que se trataba de una marca líder en el mercado que comercializa productos en todo el país y que hasta la propia compañía reconoció su envergadura económica, antigüedad y protagonismo como una de las mayores empleadoras privadas a nivel nacional.

Fue así que la compañía se presentó ante la Cámara. Allí buscó demostrar que, en el proceso de producción y embotellado de la bebida, adoptó las medidas de precaución para preservar la higiene y calidad del producto siguiendo parámetros internacionales.

Los magistrados indicaron que, para el cliente, "no habrá sido una sensación agradable la que le produjo, el solo hecho de verse impedido de consumir la gaseosa en el momento en que había decidido hacerlo".

"El destino que tiene el producto, cuyo envoltorio abierto se encontró en la botella, pudo haberle añadido al disgusto una dosis de aprensión, que resaltó mediante el uso insistente y reiterativo de expresiones tales como inmundicia, asquerosidad, repugnancia y otros", indicó la sentencia.

"No se está frente a un ´daño lucrativo´, es decir, aquél que se produce por una omisión deliberada con el propósito de abaratar costos", explicaron los jueces de la Cámara Tercera de Apelaciones Civil y Comercial de Córdoba.

Luego remarcaron que la aplicación de la multa por daño punitivo "no está prevista como una consecuencia necesaria de cualquier incumplimiento" y que, para hacerlo, es necesario un "explícito obrar doloso o, al menos, gravemente culpable".

De esta forma, rechazaron la aplicación de las multas por daño moral y punitivo ordenadas en primera instancia.

Con respecto al daño moral, la Cámara sostuvo que no se logró entender cuál era la lesión espiritual que pudo provocar al consumidor el hecho de constatar la presencia del envoltorio dentro de la botella que ni siquiera había sido abierta. Son circunstancias que no pasan de ser un disgusto, fastidio, incomodidad y aprensión pero que no alcanzan a generar un derecho a ser indemnizado.
Las implicancias del caso
La sentencia abre lugar al debate, siendo el punto más polémico el monto de la multa.

Gonzalo Soto, socio de Wiener.Soto.Caparrós, remarcó que "la propia Cámara indicó que esta multa civil tiene un carácter esencialmente punitivo o sancionatorio" y "esas sanciones no podrían jamás ser aplicadas en base a factores objetivos de atribución de responsabilidad sin violar los principios constitucionales de inocencia, del debido proceso y de la defensa en juicio".

"El solo hecho objetivo de que la botella tiene un vicio y que la demandada no ha acreditado culpa ajena no son circunstancias que bastan para que se torne aplicable la multa civil", agregó.

De acuerdo con los especialistas Luis Sprovieri y Gastón Dell'Oca, socios del estudio jurídico FSDA Abogados, "debemos recordar también que la doctrina ha señalado que la aplicación de daños punitivos debe ser excepcional. La finalidad del instituto es sancionar conductas gravemente reprochables. La multa civil no ha de ser un instituto de aplicación cotidiana".

Y advirtieron: "No existía certeza de que los demandados se hayan beneficiado con el incumplimiento de los preceptos legales de una forma tal que justifique la aplicación de daños punitivos, menos aun su cuantía".
Fuente: iProfesonal.com

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